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Cursos de crianza vs. vida real: adivina quién gana

¿Por qué olvidamos todo lo aprendido justo cuando más lo necesitamos? La ciencia nos explica el impacto del estrés en la memoria parental.

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Antes de entrar en materia, vamos a ponerlo en contexto. Si alguna vez te ha pasado algo de esto, sigue leyendo:

  • Compraste un libro de crianza respetuosa… y ahora te mira desde la mesita de noche como diciendo “¿me vas a abrir o seguimos con esta relación a distancia?”.
  • Te apuntaste a un curso online y viste las primeras dos clases… hace seis meses.
  • Aprendiste una frase mágica para calmar rabietas… pero el día que la necesitaste, lo único que salió de tu boca fue: “¡YA BASTA!”.
  • Sabes más teorías de educación que tu profesor de psicología… pero con dos horas de sueño, tu cerebro funciona como una calculadora sin pilas.

Si te reconoces, bienvenid@: no estás sol@ y, sobre todo, no es tu culpa.

Hoy más que nunca, muchas madres/padres se preocupan profundamente por educar bien a sus hij@s. Compran libros, se apuntan a cursos de disciplina positiva, educación consciente, crianza respetuosa… Lo hacen con todo el amor del mundo. Quieren aprender a comunicarse “bien”, a guiar con respeto, a criar pequeñ@s ciudadan@s que algún día recogerán sus platos sin que nadie se lo pida. Admirable. Realmente admirable.

Al mismo tiempo… hay un detalle que nadie les cuenta. Ese detallito que te persigue como un calcetín desparejado en la lavadora: cuando tu mente está sobrecargada y el estrés es constante, tu memoria se toma vacaciones sin pedir permiso.

En otras palabras: puedes hacer el curso más inspirador de tu vida… y el día que tu hij@ decide untar la pared con yogur, tu cerebro no recuerda ni una sola de esas frases zen que tanto practicaron en la clase.

La ciencia lo confirma (y no es excusa, es biología pura)

El estudio “Stress and Memory: Opposing Effects of Glucocorticoids on Memory Consolidation and Memory Retrieval” (Neurobiology of Learning and Memory) explica cómo las hormonas del estrés (glucocorticoides, para los amigos) influyen de manera desigual en dos fases clave de la memoria:

  • Consolidación (grabar lo aprendido) → puede mejorar un poquito bajo cierta dosis de estrés.
  • Recuperación (recordar lo aprendido cuando lo necesitas) → aquí viene la tragedia: cuando las hormonas del estrés están por las nubes, tu memoria se esconde debajo de la cama.

Otro texto clave, “Stress and memory retrieval: mechanisms and consequences” de Oliver T. Wolf, confirma que bajo presión emocional tu cerebro puede olvidar justo lo que más necesitas recordar. Como cuando te aprendes un chiste y, en el momento de contarlo, solo te acuerdas del final y arruinas el remate.

La maternidad/paternidad hoy: cada vez más desafiante

Falta de sueño, trabajo, tareas domésticas, niños, compras, deberes, cocina… un combo digno de un reality de supervivencia. Y no, no es que no quieras aplicar lo aprendido, es que simplemente estás funcionando en “modo ahorro de energía”.

En ese estado, hablar de forma asertiva y respetuosa es como intentar hacer yoga en medio de un terremoto: admirable, sí, y al mismo tiempo muy difícil. Y aquí llega una vieja conocida: la culpa. Esa voz interior que te dice:

“Lo sabías… lo habías leído… lo practicamos en el curso… ¿y ahora? ¿Por qué gritaste?”

Lo que quizá nadie te dijo

Madres y padres, no estáis sol@s. Aunque tengáis las mejores intenciones, sois seres humanos, y los humanos tienen límites. Esos límites no necesitan más presión, necesitan apoyo.

No se trata de saber más, sino de recargarte. Cuando estás agotad@, tu cerebro no retiene ni lo que comiste ayer (y mucho menos esa técnica de comunicación NoViolenta que aprendiste en la lección 5).

Por eso:

  • Busca tu tribu. Una amiga, un amigo, un grupo, un abrazo.
  • Déjate ayudar. No necesitas ser perfect@, necesitas compañía.
  • Y ayuda a otr@. Si conoces a un(a) madre/padre, mándale un mensaje: “¿Necesitas que te lleve un café o que te esconda en mi casa 20 minutos?”. Eso puede ser más valioso que todos los reels con consejos de crianza respetuosa de Instagram juntos.

La verdad más liberadora

La búsqueda por ser “la mejor mamá” o “el papá perfecto” puede convertirse en una trampa si olvidamos que tod@s tenemos un lado humano y caótico. Lo admirable no es solo aprender nuevas técnicas, sino recordar que la maternidad no se recarga solo con información: se sostiene con comunidad, empatía y esas manos amigas que dicen ‘tranquil@, yo te cubro’.

Y si quieres practicar todo eso que has aprendido en un lugar seguro, con gente que no te juzga y que se ríe contigo (y a veces de sí misma), te invito a unirte a uno de nuestros grupos de prácticas. Aquí no hay exámenes, ni medallas, ni “madres/padres perfect@s”: solo personas reales compartiendo estrategias, metidas de pata y pequeños triunfos que saben a gloria.

¿Quieres un espacio seguro para practicar sin juicios?